El comienzo de esta historia está muchas páginas antes de esta entrada, muchos días, meses y años antes. El comienzo de esta historia no es el dónde, ni el cómo, ni el qué o el porqué, es el quién. El comienzo de esta historia es el mismo que el final, es el nudo y el desenlace, lo principal y lo secundario, lo emocionante y lo aburrido, lo evidente y lo absurdo, lo eterno y lo fugaz...El comienzo de esta historia es simple, tan simple como la razón por la que ahora escribo esto, más simple que todo lo que ha llevado a que hoy las cosas sean como son.
No creo que se pueda hablar de la vida como tal, como única. Mi vida ha sido corta por ahora, tan solo 18 años de los que tengo escasos recuerdos de los primeros. Y es una vida de comienzos, de principios por encima de finales, de iniciativa, ilusión, oportunidades, ganas, fuerza y esperanza. Una vida de empezar más que de acabar y de reír más que de llorar. Sin embargo, la vida de mi abuela por ejemplo, es una vida larga ya, llena de recuerdos que se confunden entre años más y años menos, con importantes finales a la espalda, con muchos "adiós" en las manos y los labios, con mucho desgaste, con cansancio, con recompensas, con paciencia, con esperas. Ambas vidas son eso, vidas, son la vida en general y la vida de cada una. ¿Por qué hago esta aclaración sobre mi concepto de vida? pues porque si hablo de la eternidad, he de ser consciente de que esa palabra aún me queda demasiado grande, si digo para siempre o jamás, debo pensar en que no puedo estar del todo segura, y si digo que es lo mejor o lo peor, tengo que saber que hay demasiado que desconozco como para afirmar eso.
Teniendo en cuenta todo esto y volviendo a hoy, a la historia, a ese comienzo confuso o final abierto, he de decir que estoy feliz, que estoy muy feliz. No puedo hablar para siempre, pero sí para ahora. Y aunque no pueda hablar la experiencia, que aún no tiene casi ni un hilo de voz, hablo por y con esa vida corta y llena de comienzos e ilusiones...
(L)
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